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Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginevra, 1986)

 

EL TANGO

UN LOBO

AJEDREZ

LA LUNA

EL GO

Milonga de Juan Muraña 

LA MONEDA DE HIERRO

LA CIERVA BLANCA

Arte Poética

EL GAUCHO

two english poems

BARRIO RECONQUISTADO

 

 

EL TANGO

 

IL TANGO

 

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¿Dónde estarán ?pregunta la elegía
de quienes ya no son, como si hubiera
una región en que el Ayer pudiera
ser el Hoy, el Aún y el Todavía.

¿Dónde estará (repito) el malevaje
que fundó en polvorientos callejones
de tierra o en perdidas poblaciones
la secta del cuchillo y del coraje?

¿Dónde estarán aquellos que pasaron,
dejando a la epopeya un episodio,
una fábula al tiempo, y que sin odio,
lucro o pasión de amor se acuchillaron?

Los busco en su legenda, en la postrera
brasa que, a modo de una vaga rosa,
guarda algo de esa chusma valerosa
de los Corrales y de Balvanera.

¿Qué oscuros callejones o qué yermo
del otro mundo habitará la dura
sombra de aquel que era una sombra oscura,
Muraña, ese cuchillo de Palermo?

¿Y ese Iberra fatal (de quien los santos
se apiaden) que en un puente de la vía,
mató a su hermano el Ñato, que debía
más muertes que él, y así igualó los tantos?

Una mitología de puñales
lentamente se anula en el olvido;
una canción de gesta se ha perdido
en sórdidas noticias policiales.

Hay otra brasa, otra candente rosa
de la ceniza que los guarda enteros;
ahí están los soberbios cuchilleros
y el peso de la daga silenciosa.

Aunque la daga hostil o esa otra daga,
el tiempo, los perdieron en el fango,
hoy, más allá del tiempo y de la aciaga
muerte, esos muertos viven en el tango.

En la música están, en el cordaje
de la terca guitarra trabajosa,
que trama en la milonga venturosa
la fiesta y la inocencia del coraje.

Gira en el hueco la amarilla rueda
de caballos y leones, y oigo el eco
de esos tangos de Arolas y de Greco
que yo he visto bailar en la vereda,

en un instante que hoy emerge aislado,
sin antes ni después, contra el olvido,
y que tiene el sabor de lo perdido,
de lo perdido y lo recuperado.

En los acordes hay antiguas cosas:
el otro patio y la entrevista parra.
(Detrás de las paredes recelosas
el Sur guarda un puñal y una guitarra).

Esa ráfaga, el tango, esa diablura,
los atareados años desafía;
hecho de polvo y tiempo, el hombre dura
menos que la liviana melodía,

que sólo es tiempo. El tango crea un turbio
pasado irreal que de algùn modo es cierto,
el recuerdo imposible de haber muerto
peleando, en una esquina del suburbio.
 
Voce H. Eduardo Roman
 
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UN LOBO

 

UN LUPO

 

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Dove saranno? Chiede l'elegia
di quelli che oramai non sono più,
come esistesse un luogo dove l'Ieri
possa esser l'Oggi, l'Ancora, il Sempre.

Dove sarà (ripeto) la teppaglia
che in polverosi vicoli sterrati
o in perduti villaggi istituì
la setta del coltello e del coraggio?

Dove saranno quelli che passarono
lasciando all'epopea un episodio,
una favola al tempo, e si affrontarono
al coltello, senz'odio o ardore o lucro?

Nella leggenda li cerco, nell'ultima
brace che serba, come vaga rosa,
qualcosa dell'intrepida canaglia
che stava a Balvanera o ai Corrales.

Quale deserto, quali oscuri vicoli
dell'altro mondo abiterà la dura
ombra di chi era già un'ombra oscura,
di Muraña, coltello di Palermo?

E quel fatale Iberra (i santi ne abbiano
pietà) che su di un ponte uccise il Ñato,
suo fratello, che morti ne doveva
più di lui, e così furono pari?

Una mitologia di pugnali
lentamente si annulla nell'oblio;
una canzon di gesta è andata persa
in sordide notizie poliziesche.

C'è un'altra brace, un'altra ardente rosa
di quella cenere che li conserva;
lì sta la gente altera del coltello,
lì il peso della daga silenziosa.

Benché la daga ostile o l'altra daga,
il tempo, li dissolsero nel fango,
oggi, al di là del tempo e dell'infausta
morte, quei morti vivono nel tango.

Vivono nelle corde e nella musica
della tenace chitarra operosa
che concerta in milonghe fortunate
la festa e l'innocenza del coraggio.

Gira la gialla ruota della giostra
di cavalli e leoni e mi raggiunge
l'eco dei tanghi di Greco e di Arolas
che vidi un tempo danzare per strada,

in un istante che affiora isolato,
senza prima né poi, contro l'oblio,
e ha il sapore di quel che abbiamo perso,
che abbiamo perso e a un tratto ritrovato.

Vi sono cose antiche in quegli accordi,
la pergola intravista, l'altro patio.
(Dietro, i suoi muri sospettosi il sud
ha in serbo una chitarra e un pugnale).

Quest'incantesimo, questa ventata,
il tango, sfida gli anni affaccendati;
di polvere e di tempo, l'uomo dura
meno della leggera melodia,

che è solo tempo. Il tango crea un torbido
passato ch'è irreale e in parte vero,
un assurdo ricordo d'esser morto
in duello, a un cantone del sobborgo.
 
 

 

Furtivo y gris en la penumbra última,

va dejando sus rastros en la margen

de este río sin nombre que ha saciado

la sed de su garganta y cuyas aguas

no repiten estrellas. Esta noche,

el lobo es una sombra que está sola

y que busca a la hembra y siente frío.

 

Es el último lobo de Inglaterra.

Odín y Thor lo saben. En su alta

casa de piedra un rey ha decidido

acabar con los lobos. Ya forjado

ha sido el fuerte hierro de tu muerte.

Lobo sajón has engendrado en vano.

No basta ser cruel. Eres el último.

 

Mil  años pasarán y un hombre viejo

te soñará en America. De nada

puede servirte ese futuro sueño.

Hoy te cercan los hombres que siguieron

por la selva los rastros que dejaste,

furtivo y gris en la penumbra última.

 
Voce H. Eduardo Roman
 
 
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Furtivo e grigio nell’ultima penombra,

va lasciando le sue traccia al margine

del fiume senza nome che ha saziato

la sete della  sua gola e le cui acque

non ripetono le stelle. Stanotte, 

il lupo è una ombra che sta sola

e cerca la femmina e ha freddo.

 

Ed è l’ultimo lupo d’Inghilterra.

Lo sanno Odino e Thor. Dalla sua alta

casa di pietra un re ha deciso

di farla finita coi lupi. Già forgiato

è il forte ferro della tua morte.

Lupo sassone hai procreato invano.

Non basta essere crudele. Sei l’ultimo.

 

Mille anni passeranno e un vecchio uomo

ti sognerà in America. A nulla

ti può servire questo futuro sogno.

Oggi ti accerchiano gli uomini che seguirono

nella foresta le tracce che hai lasciato,

furtivo e grigio nell’ultima penombra.

 
 
AJEDREZ
Scacchi
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I
 
En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
 
Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.
 
Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.
 
En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.
 
 II
 
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
 
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
 
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.
 
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?
 
 
Voce H. Eduardo Roman
 
 
 
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 I
 
Nel loro angolo grave, i giocatori
controllano i lenti pezzi. La scacchiera
li trattiene fino all’alba nel suo severo
ambito in cui si odiano due colori.
 
Dentro irraggiano magici rigori
le forme: torre omerica, fluttuante
cavallo, armata regina, re succube,
obliquo alfiere e pedoni aggressori.
 
Quando i giocatori se ne saranno andati,
quando il tempo li avrà consumati,
certamente non sarà consumato il rito.
 
Nell’Oriente si accese questa guerra
Il cui anfiteatro è oggi tutta la terra.
Come l’altro, questo gioco è infinito.
 
II
 
Tenue re, sghembo alfiere, accanita
regina, torre diritta e pedone scaltro
sopra il nero e bianco del Cammino
cercano e combattono il loro scontro armato.
 
Non sanno che la mano designata
del giocatore comanda il loro destino,
non sanno che un rigore adamantino
regge il loro arbitrio e il loro viaggio.
 
E pure il giocatore è prigioniero
(la sentenza è di Omar) di un’altra scacchiera
di nere notti e di bianchi giorni.
 
Dio muove il giocatore, e questi, il pezzo.
Quale Dio dietro Dio dà inizio alla trama
Di polvere e tempo e sogno e agonie?
 
 
LA LUNA
LA LUNA
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Cuenta la historia que en aquel pasado

Tiempo en que sucedieron tantas cosas

Reales, imaginarias y dudosas,

Un hombre concibió el desmesurado

 

Proyecto de cifrar el universo

En un libro y con impetu infinito

Erigió el alto y arduo manuscrito

Y limó y declamó el último verso.

 

Gracias iba a rendir a la fortuna

Cuando al alzar los ojos vio un bruñido

Disco en el aire y comprendió, aturdido,

Que se habia olvidado de la luna.

 

La historia que he narrado aunque fingida,

Bien puede figurar el maleficio

De cuantos ejercemos el oficio

De cambiar en palabras nuestra vida.

 

Siempre se pierde lo esencial. Es una

Ley de toda palabra sobre el numen.

No la sabrá eludir este resumen

De mi largo comercio con la luna.

 

No sé dónde la vi por vez primera

Si en el cielo anterior de la doctrina

Del griego o en la tarde que declina

Sobre el patio del pozo y de la higuera.

 

Según se sabe, esta mudable vida

Puede, entre tantas cosas, ser muy bella

Y hubo así alguna tarde en que con ella

Te miramos, oh luna compartida.

 

Más que las lunas de las noches puedo

Recordar las del verso; la hechizada

Dragon moon que da horror a la balada

Y la luna sangrienta de Quevedo.

 

De otra luna de sangre y de escarlata

Habló Juan en su libro de feroces

Prodigios y de júbilos atroces;

Otras más claras lunas hay de plata.

 

Pitágoras con sangre (narra una

Tradición) escribia en un espejo

Y los hombres leian el reflejo

En aquel otro espejo que es la luna.

 

De hierro hay una selva donde mora

El alto lobo cuya extraña suerte

Es derribar la luna y darle muerte

Cuando enrojezca el mar la última aurora.

 

(Esto el Norte profético lo sabe

Y tambien que ese día los abiertos

Mares del mundo infestará la nave

Que se hace con las uñas de los muertos.)

 

Cuando, en Ginebra o Zürich, la fortuna

Quiso que yo también fuera poeta,

Me impuse, como todos, la secreta

Obligación de definir la luna.

 

Con una suerte de estudiosa pena

Agotaba modestas variaciones,

Bajo el vivo temor de que Lugones

Ya hubiera usado el ámbar o la arena.

 

De lejano marfil, de humo, de fría

Nieve fueron las lunas que alumbraron

Versos que ciertamente no lograron

El arduo honor de la tipografia.

 

Pensaba que el poeta es aquel hombre

Que, como el rojo Adán del Paraiso,

Impone a cada cosa su preciso

Y verdadero y no sabido nombre.

 

Ariosto me enseñó que en la dudosa

Luna moran los sueños, lo inasible,

El tiempo que se pierde, lo posible

O lo imposible, que es la misma cosa.

 

De la Diana triforme Apolodoro

Me dejó divisar la sombra mágica;

Hugo me dio una hoz que era de oro,

Y un irlandés, su negra luna trágica.

 

Y, mientras yo sondeaba aquella mina

De las lunas de la mitologia,

Ahi estaba, a la vuelta de la esquina,

La luna celestial de cada dia.

 

Sé que entre todas las palabras, una

Hay para recordarla o figurarla.

El secreto, a mi ver, está en usarla

Con humildad. Es la palabra luna.

 

Ya no me atrevo a macular su pura

Aparición con una imagen vana,

La veo indescifrable y cotidiana

Y más allá de mi literatura.

 

Sé que la luna o la palabra luna

Es una letra que fue creada para

La compleja escritura de esa rara

Cosa que somos, numerosa y una.

 

Es uno de los símbolos que al hombre

Da el hado o el azar para que un día

De exaltación gloriosa o de agonía

Pueda escribir su verdadero nombre.

 
 
Voce H. Eduardo Roman
 
 
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EL GO

 

IL GO

 

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Racconta la storia che in quel passato

tempo in cui accaddero tante cose

reali, immaginarie e dubbie,

un uomo concepì lo smisurato

 

progetto di cifrare l'universo

in un libro e con impeto infinito

innalzò l'alto e arduo manoscritto

e limò e declamò l'ultimo verso.

 

Stava per ringraziare la fortuna

quando alzando gli occhi vide un lucido

disco nell'aria e capì, stupito,

di essersi dimenticato della luna.

 

La storia che ho narrato benché finta,

può ben raffigurare il maleficio

di noi che esercitiamo il mestiere

di trasformare in parole la nostra vita.

 

Si perde sempre l'essenziale. È una

legge di ogni parola intorno al nume.

Non saprà eluderla questo riassunto

della mia lunga relazione con la luna.

 

Non so dove l'ho vista per la prima volta,

se nel cielo anteriore della dottrina

del greco o nella sera che declina

sopra il patio con il pozzo e il fico.

 

Come si sa, questa mutevole vita

può, fra tante cose, essere molto bella

e ci fu così qualche sera in cui con lei

ti abbiamo guardata, oh luna condivisa.

 

Più delle lune delle notti posso

ricordare quelle del verso : l'incantata

Dragon moon che dà orrore alla ballata

e la luna sanguinosa di Quevedo.

 

Di un'altra luna di sangue e di scarlatto

parlò Giovanni nel suo libro di feroci

prodigi e di giubili atroci;

ci sono altre più chiare lune d'argento.

 

Pitagora con il sangue (narra una

tradizione) scriveva su uno specchio

e gli uomini leggevano il riflesso

in quell'altro specchio che è la luna.

 

Di ferro c'è una selva dove dimora

l'alto lupo la cui strana sorte

è di abbattere la luna e di darle morte

quando arrosserà il mare l'ultima aurora.

 

(Questo il Nord profetico lo sa

e anche che in quel giorno la nave

che si fa con le unghie dei morti

infesterà gli aperti mari del mondo)

 

Quando a Ginevra o a Zurigo, la fortuna

volle che anch'io fossi poeta,

mi imposi, come tutti, il segreto

obbligo di definire la luna.

 

Con una sorta di studiosa pena

esaurivo modeste variazioni,

sotto il vivo timore che Lugones

già avesse usato l'ambra o la sabbia.

 

Di lontano avorio, di fumo, di fredda

neve furono le lune che illuminarono

versi che di certo non raggiunsero

l'arduo onore della tipografia.

 

Pensavo che il poeta è quell'uomo

che, come il rosso Adamo del Paradiso,

impone a ogni cosa il suo preciso

e vero e non saputo nome.

 

Ariosto mi insegnò che sull'incerta

luna dimorano i sogni, l'inafferrabile,

il tempo che si perde, il possibile

o l'impossibile, che è la stessa cosa.

 

Dalla Diana triforme Apollodoro

mi lasciò scorgere l'ombra magica;

Hugo mi diede una falce che era d'oro,

e un irlandese, la sua nera luna tragica.

 

E, mentre io sondavo quella miniera

delle lune della mitologia,

era là, dietro l'angolo della strada,

la luna celestiale di ogni giorno.

 

So che fra tutte le parole, una ce n'è

per ricordarla o per raffigurarla.

Il segreto, secondo me, sta nell'usarla

con umiltà. È la parola luna.

 

Non so più maculare la sua pura

apparizione con un'immagine vana;

la vedo; indecifrabile e quotidiana

e al di là della mia letteratura.

 

So che la luna o la parola luna

è una lettera che fu creata

per la complessa scrittura di quella strana

cosa che siamo, numerosa e una.

 

È uno dei simboli che nell'uomo

dà il fato o il caso perché in un giorno

di esaltazione gloriosa o di agonia

possa scrivere il proprio vero nome.

 
 

Hoy, nueve de setiembre de 1978,

tuve en la palma de la mano un pequeño disco

de los trescientos sesenta y uno que se requieren

para el juego astrológico del go,

ese otro ajedrez del Oriente.

 

Es más antiguo que la más antigua escritura

y el tablero es un mapa del universo.

Sus variaciones negras y blancas

agotarán el tiempo.

En él pueden perderse los hombres

como en el amor y en el día.

 

Hoy, nueve de setiembre de 1978,

yo, que soy ignorante de tantas cosas,

sé que ignoro una más,

 y agradezco a mis númenes

esta revelación de un laberinto

que nunca será mío.

 
Voce H. Eduardo Roman
 
 
 
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Milonga de Juan Muraña  

 

Milonga di Juan Muraña

          

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Oggi, nove settembre 1978,

ho avuto sul palmo della mano un piccolo disco

dei trecentosessantuno richiesti

per il gioco astrologico del go,

gli altri scacchi dell’Oriente.

 

 

 

E’ più antico della più antica scrittura

e la scacchiera è una mappa dell’universo.

Le sue varianti nere e bianche

esauriranno il tempo.

In esso gli uomini possono smarrirsi

come nell’amore e nel giorno.

 

 

Oggi, nove di settembre del 1978,

io, che ignoro tante cose,

so che ne ignoro una in più,

e ringrazio i miei numi

della rivelazione di un labirinto

che mai sarà mio.

 

 

 

 

 

 

 

        

 

 

    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Me habré cruzado con él

En una esquina cualquiera.

Yo era un chico, él era un hombre.

Nadie me dijo quién era.

 

No sé por qué en la oración

Ese antiguo me acompaña.

Sé que mi suerte es salvar

La memoria de Muraña.

 

Tuvo una sola virtud.

Hay quien no tiene ninguna.

Fue el hombre más animoso

Que han visto el sol y la luna.

 

A nadie faltó el respeto.

No le gustaba pelear,

Pero cuando se avenía,

Siempre tiraba a matar.

 

Fiel como un perro al caudillo

Servía en las elecciones.

Padeció la ingratitud,

La pobreza y las prisiones.

 

Hombre capaz de pelear

Liado al otro por un lazo,

Hombre que supo afrontar

Con el cuchillo el balazo.

 

Lo recordaba Carriego

Y yo lo recuerdo ahora.

Más vale pensar en otros

Cuando se acerca la hora.

 

 

Voce H. Eduardo Roman

 
 
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LA MONEDA DE HIERRO
LA MONETA DI FERRO

L’avrò incrociato

In un qualsiasi cantone.

Io ero un bambino, lui era un uomo.

Nessuno mi disse chi era.

 

Non so perché nelle preghiere

Quel vecchio mi accompagna.

So che la mia sorte è salvare

La memoria di Muraña.

 

Aveva una sola virtù.

C’è chi non ne ha alcuna.

Fu l’uomo più coraggioso

Che hanno visto sole e luna.

 

A nessuno mancò di rispetto.

Non gli piaceva litigare,

Ma quando succedeva,

Mirava ad ammazzare.

 

Fedele come un cane al padrone

Era utile nelle elezioni.

Patì l’ingratitudine,

La miseria e le prigioni.

 

Uomo capace di lottare

Legato all’altro con un lazo,

Uomo che seppe affrontare

La pistola col coltello.

 

Lo ricordava Carriego

Ed io lo ricordo adesso.

E’ meglio pensare agli altri

Quando si avvicina l’ora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aquí está la moneda de hierro. Interroguemos

Las dos contrarias caras que serán la respuesta

De la terca demanda que nadie no se ha hecho:

¿Por qué precisa un hombre que una mujer lo quiera?

 

Miremos. En el orbe superior se entretejen

El firmamento cuádruple que sostiene el diluvio

y las inalterables estrellas planetarias.

 

Adán, el joven padre, y el joven Paraíso.

La tarde y la mañana. Dios en cada criatura.

En ese laberinto puro está tu reflejo.

 

Arrojemos de nuevo la moneda de hierro

que es también un espejo mágico. Su reverso

Es nadie y nada y sombra y ceguera. Eso eres.

 

De hierro las dos caras labran un solo eco.

Tus manos y tu lengua son testigos infieles.

Dios es el inasible centro de la sortija.

No exalta ni condena. Hace algo más: olvida.

 

Calumniado de infamia ¿por qué no han de quererte?

En la sombra del otro buscamos nuestra sombra;

En el cristal del otro, nuestro cristal recíproco.

 

Voce H. Eduardo Roman

 
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Ecco qui la moneta di ferro. Interroghiamo

le due opposte facce e avremo la risposta

al quesito ostinato che ciascuno si è posto:

perché ha bisogno un uomo che una donna lo ami?

 

 

 

 

Osserviamo. Nell'orbe superiore si intrecciano

il firmamento quadruplo che sostiene il diluvio

e le stelle immutabili della volta celeste.

 

 

 

Adamo, il primo padre, e il primo Paradiso.

La sera e la mattina. Dio in ogni creatura.

In questo labirinto puro sta il tuo riflesso.

 

  

Gettiamo un'altra volta la moneta di ferro

che è anche uno specchio magico. Il suo rovescio

è nulla, nessuno, ombra e cecità. Sei questo.

 

 

 

 

 

Di ferro le due facce formano un'eco sola.

Ciò che fai o dici è falso testimonio.

Dio è l'inafferrabile centro dell'anello.

Non loda né condanna. Fa di meglio: dimentica.

 

 

 

 

Pur se indegno, perché non si deve amare?

Nell'ombra altrui cerchiamo la nostra stessa ombra;

nel cristallo dell'altro il cristallo che siamo.

 

 

 

La Cierva Blanca 

LA CERBIATTA BIANCA

 

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 ¿De qué agreste balada de la verde Inglaterra,

De qué lámina persa, de qué región arcana

De las noches y días que nuestro ayer encierra,

Vino la cierva blanca que soñé esta mañana?

 

 

Duraría un segundo. La vi cruzar el prado

Y perderse en el oro de una tarde ilusoria,

Leve criatura  hecha  de un poco de memoria

Y de un poco de olvido, cierva de un solo lado.

 

 

Los númenes que rigen este curioso mundo

Me dejaron soñarte pero no ser tu dueño;

Tal vez en un recodo del porvenir profundo

Te encontraré de nuevo, cierva blanca de un sueño.

 

 

Yo también soy un sueño fugitivo que dura

Unos días más que el sueño del prado y la blancura.

 
 

Voce H. Eduardo Roman

 
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Da quale rozza ballata della verde Inghilterra,

da quale lamina persiana, da quale regione arcana

delle notti e giorni che il nostro ieri richiude,

venne la cerbiatta bianca che sognai stamattina?

 

 

 

 

 

Durerebbe un secondo. La vidi attraversare il prato

e perdersi nell’oro di una sera illusoria,

lieve creatura fatta di un poco di memoria

e di un poco di oblio, cerbiatta di un solo lato.

 

 

 

 

 

 

I numi che reggono questo curioso mondo

mi lasciarono sognarti ma non essere tuo padrone;

forse in un angolo del poi profondo

ti  troverò  di nuovo, cerbiatta bianca di un sogno.

 

 

 

 

Anch’io sono un sogno fuggitivo che dura

qualche giorno di più del sogno del prato e del candore.

 

 

Arte Poética

ARTE POETICA

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Mirar el río hecho de tiempo y agua
Y recordar que el tiempo es otro río,
Saber que nos perdemos como el río
Y que los rostros pasan como el agua.

 

Sentir que la vigilia es otro sueño
Que sueña no soñar y que la muerte
Que teme nuestra carne es esa muerte
De cada noche, que se llama sueño.

 

Ver en el día o en el año un símbolo
De los días del hombre y de sus años,
Convertir el ultraje de los años
En una música, un rumor y un símbolo,

 

Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
Un triste oro, tal es la poesía
Que es inmortal y pobre. La poesía
Vuelve como la aurora y el ocaso.

 

A veces en las tardes una cara
Nos mira desde el fondo de un espejo;
El arte debe ser como ese espejo
Que nos revela nuestra propia cara.

 

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
Lloró de amor al divisar su Itaca
Verde y humilde. El arte es esa Itaca
De verde eternidad, no de prodigios.

 

También es como el río interminable
Que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
Y es otro, como el río interminable.

 
 

Voce H. Eduardo Roman

 
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Guardare il fiume fatto di tempo e di acqua
E ricordare che il tempo è un altro fiume.
Sapere che noi ci perdiamo come il fiume
E che i volti passano come l'acqua.

 

Sentire che la veglia è un altro sogno
Che sogna di non sognare e che la morte
Che la nostra carne teme è questa morte
Di ogni notte, che si chiama sogno.

 

Vedere nel giorno e nell'anno un simbolo
Dei giorni dell'uomo e dei suoi anni.
Convertire l'oltraggio degli anni
In una musica, una voce e un simbolo.

 

Vedere nella morte il sogno, nel tramonto
Un triste oro, tale è la poesia
Che è immortale e povera. La poesia
Torna come l'alba e il tramonto.

 

Talora nel crepuscolo un volto
Ci guarda dal fondo di uno specchio:
L'arte deve essere come questo specchio
Che ci rivela il nostro proprio volto.

 

Narrano che Ulisse, sazio di prodigi,
Pianse d'amore scorgendo la sua Itaca
Verde e umile. L'arte è questa Itaca
Di verde eternità, non di prodigi.

 

Ed è pure come il fiume senza fine
Che scorre e rimane, cristallo di uno stesso
Eraclito incostante, che è lo stesso
Ed è altro, come il fiume senza fine.

EL GAUCHO

IL GAUCHO

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Hijo de algún confín de la llanura

Abierta, elemental, casi secreta,

Tiraba el firme lazo que sujeta

Al firme toro de cerviz oscura.

 

Se batió con el indio y con el godo,

Murió en reyertas de baraja y taba;

Dio su vida a la patria, que ignoraba,

Y así perdiendo, fue perdiendo todo.

 

Hoy es polvo de tiempo y de planeta;

Nombres no quedan, pero el nombre dura.

Fue tantos otros y hoy es una quieta

Pieza que mueve la literatura.

 

Fue el matrero, el sargento y la partida.

Fue el que cruzó la heroica cordillera.

Fue soldado de Urquiza o de Rivera,

Lo mismo da. Fue el que mató a Laprida.

 

Dios le quedaba lejos. Profesaron

La antigua fe del hierro y del coraje,

que no consiente súplicas ni gaje.

Por esa fe murieron y mataron.

 

En los azares de la montonera

Murió por el color de una divisa;

Fue el que no pidió nada, ni siquiera

La gloria, que es estrépito y ceniza.

 

Fue el hombre gris que, oscuro en la pausada

Penumbra del galpón, sueña y matea,

Mientras en el oriente ya clarea

La luz de la desierta madrugada.

 

Nunca dijo: Soy gaucho. Fue su suerte

No imaginar la suerte de los otros.

No menos ignorante que nosotros,

No menos solitario, entró en la muerte.

 

Voce H. Eduardo Roman

 

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TWO ENGLISH POEMS

DUE POESIE INGLESI

 

Figlio di qualche confine della pianura

aperta, elementare, quasi segreta,

lanciava il fermo laccio che doma

il fermo toro di capo scuro.

 

Si batté con l’indio e con lo spagnolo,

morì in zuffe di carte e gioco dell’osso,

dette la vita per la patria, che ignorava,

e così perdendo,  finì perdendo tutto.

 

Oggi è polvere di tempo e di pianeta;

nomi non rimangono, ma il nome dura.

Fu tanti altri e oggi è un quieto

pezzo che muove la letteratura.

 

Fu il brigante, il sergente e il nerbo.

Fu chi attraversò l’eroica cordigliera.

Fu soldato di Urquiza o di Rivera,

poco importa. Fu chi ammazzò Laprida.

 

Dio gli era lontano. Professarono

l’antica fede del ferro e del coraggio,

che non consente ne suppliche ne dubbi.

Per quella fede morirono e uccisero.

 

Negli infortuni della guerriglia

morì per il colore della divisa;

Non chiese mai nulla, neanche

la gloria, che è strepito e cenere. 

 

Fu l’uomo grigio che, cupo nella lenta

penombra della tettoia, sogna e beve il mate,

mentre a oriente già schiarisce

la luce dell’alba deserta.

 

Mai disse: Sono un gaucho. Fu la sua fortuna

non immaginare la sorte degli altri.

Non meno ignorante di noi altri,

non meno solitario, entrò nella morte.

 

 

 

 

 

The useless dawn finds me in a deserted street-

corner; I have outlived the night.

 

Nights are proud waves; darkblue topheavy waves laden with all the hues of deep spoil, laden with things unlikely and desirable.

 

 

Nights have a habit of mysterious gifts and refusals,of things half given away, half withheld, of joys with a dark hemisphere. Nights act that way, I tell you.

 

The surge, that night, left me the customary shreds and odd ends: some hated friends to chat with, music for dreams, and the smoking of bitter ashes.  The things my hungry heart has no use for.

 

The big wave brought you.

 

Words, any words, your laughter; and you so lazily and incessantly beautiful.  We talked and you have forgotten the words.

 

The shattering dawn finds me in a deserted street of my city.

 

 

Your profile turned away, the sounds that go to make your name, the lilt of your laughter: these are the illustrious toys you have left me.

 

 

I turn them over in the dawn, I lose them, I find them; I tell them to the few stray dogs and to the few stray stars of the dawn.

 

Your dark rich life ...

 

I must get at you, somehow; I put away those

illustrious toys you have left me, I want your

 hidden look, your real smile -- that lonely, mocking smile your cool mirror knows.

 

 

La vana alba mi trova a un deserto angolo di strada; son sopravvissuto alla notte.

 

 

Le notti sono onde superbe: neroazzurre pesanti onde cariche d'ogni sfumatura di

fondi detriti e di cose improbabili e desiderabili.

 

Le notti son solite arrecare misteriosi doni e rifiuti, oggetti a metà ceduti a metà trattenuti, gioie con un emisfero oscuro. Vi dico che le notti han questi usi.

 

La marea notturna mi ha lasciato gli usati frammenti e relitti: qualche odiato amico per ciarlare, musica per i sogni, fumo di cenere amara. Ciò di cui il mio cuore affamato non sa

che farsi.

 

L'alta ondata ha portato te.

 

Parole, ogni parola, il tuo riso; tu così indolentemente e senza fine bella. Abbiamo parlato e tu hai scordato le parole.

 

L'alba sovvertitrice mi trova in una deserta strada della mia città.

 

Il tuo profilo voltosi altrove, i suoni che compongono il tuo nome, la musica del tuo riso: tali gli splendidi balocchi che m'hai lasciati.

 

 

Li rigiro tra me nell'alba, li smarrisco, li ritrovo; li enumero ai rari cani spersi, alle rare stelle sperse dell'alba.

 

La tua oscura, intensa vita...

 

Debbo in qualche modo raggiungerti; metto via quegli splendidi balocchi, quel che voglio è il tuo sguardo segreto, il tuo vero sorriso: il sorriso solitario e ironico che il tuo freddo specchio conosce.

 

II

  

What can I hold you with?

 

I offer you lean streets, desperate sunsets, the

moon of the ragged suburbs.

 

 

I offer you the bitterness of a man who has looked long and long at the lonely moon.

 

I offer you my ancestors, my dead men, the ghosts that living men have honoured in marbel: my father's father killed in the frontier of Buenos Aires, two bullets through his lungs, bearded and dead, wrapped by his soldiers in the hide of a cow; my mother's grandfather  --just twentyfour-- heading a charge of three hundred men in Peru, now ghosts on vanished horses.

 

 

I offer you whatever insight my books may hold, whatever manliness or humour my life.

 

I offer you the loyalty of a man who has never been loyal.

 

 

I offer you that kernel of myself that I have saved, somehow --the central heart that deals not in words, traffics not with dreams, and is

untouched by time, by joy, by adversities.

 

I offer you the memory of a yellow rose seen at

 sunset, years before you were born.

 

I offer you explanations of yourself, theories about yourself, authentic and surprising news of yourself.

 

I can give you my loneliness, my darkness, the

 hunger of my heart; I am trying to bribe you

 with uncertainty, with danger, with defeat.

 

 

Voce H. Eduardo Roman

 

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II

 

Con che cosa potrei trattenerti?

 

Quel che ho da offrirti son povere strade, tramonti scorati, la luna dei cenciosi sobborghi.

 

Ti offro l'amar

ezza d'un uomo che ha guardato a lungo la luna solitària.

 

Ti offro i miei avi, i miei morti, gli spiriti che i viventi hanno onorati nel marmo: il padre di mio padre ucciso sul fronte di Buenos Aires con due pallottole nei polmoni, morto barbuto che i suoi soldati avvolsero in una pelle di vacca; il nonno di mia madre che appena ventiquattrenne guidò una carica di trecento uomini in Perù, fantasmi ormai su cavalli dileguati.

 

 

Ti offro quanto possa esserci nei miei libri e la

mia vita avere di dignità e sprezzatura.

 

 

Ti offro la fedeltà d'un uomo che non è mai

stato fedele.

 

 

T'offro il nocciolo di me che ho potuto salvare: il centro del cuore che non consiste in parole, non si baratta coi sogni e che tempo, gioia, avversità lasciano intatto.

T'offro il ricordo d'una rosa gialla vista al tramonto, anni prima che tu nascessi.

 

 

T'offro spiegazioni di te, teorie su te, vere e sorprendenti notizie che ti concernono.

 

 

Posso darti la mia solitudine, le mie tenebre, la fame del mio cuore; tento di allettarti con l'incertezza, il rischio, la sconfitta.

 

 

Trad. Francesco Tentori Montalto

 

 

 

BARRIO RECONQUISTADO

RIONE RICONQUISTATO

 

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Nadie vio la hermosura de las calles

hasta que pavoroso en clamor

se derrumbó el cielo verdoso

en abatimiento de agua y de sombra.

El temporal fue unánime

y aborrecible a las miradas fue el mundo,

pero cuando un arco bendijo

con los colores del perdón la tarde,

y un olor a tierra mojada

alentó los jardines,

nos echamos a caminar por las calles

como por una recuperada heredad,

y en los cristales hubo generosidades de sol

y en las hojas lucientes

dijo su trémula inmortalidad el estío.

 

 

Voce H. Eduardo Roman e Roberta De Piccoli

 

 

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Nessuno vide la bellezza delle strade

fin quando spaventoso in fragore

si abbatté il cielo verdastro

in un rovescio di acqua e di ombra.

Il temporale fu unanime

e detestabile agli sguardi fu il  mondo,

ma quando un arco benedisse

coi colori del perdono la sera,

e un odore di terra bagnata

rianimò i giardini,

uscimmo a camminare per le strade

come su un ricuperato possedimento,

e nei vetri ci furono generosità di sole

e nelle foglie lucenti

disse la sua tremula immortalità l’estate.

 

 

Trad. Domenico Porzio e Hado Lyra

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

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